Cajeme, Sonora.- Un hombre de raza negra, oscuro como la noche, que no habla español y nunca salió antes de Sierra Leona, no cabe en la lógica de Altar, Sonora, la pequeña ciudad enclavada en el centro norte del estado que es, extraoficialmente, uno de los principales pasos de migrantes de todo el mundo. Que un africano pretenda iniciar una nueva vida a más de nueve mil kilómetros de distancia de su hogar, sin duda, significa una de las mayores fallas sociales a nivel global. Pero ocurre con cientos de hombres, mujeres y niños que diariamente buscan alcanzar el suelo de Estados Unidos.
Para ello, se sabe, deben sufrir y enfrentar una serie de penurias, las que, si realizan con éxito, los dejarán en Sonora, cuya porosidad en puertos y fronteras lo han convertido en el sitio predilecto para seguir la ruta a Norteamérica. Ocurre lo mismo con asiáticos provenientes de sitios tan exóticos como Bangladesh, Pakistán o la India. Ambos grupos de extranjeros forman parte de la nueva red global de tráfico de personas, cuyo poder es tal que logran movilizar en grandes cantidades, sin importar desde qué punto del mundo se encuentren y aspiren a llegar a Estados Unidos.
Hace unos días, el Instituto Nacional de Migración reconoció que miles de africanos y asiáticos están llegando a México. “Desde el 2000 ha habido un aumento de migrantes africanos que optan por huir a través de América Latina”, explica Ariel Ruiz, analista de políticas públicas en el Instituto de Política Migratoria (MPI).
De acuerdo con los estudios de Insight Crime y otras organizaciones, los migrantes viajan, en su mayoría, desde sus países rumbo a Brasil, tras un pago que oscila entre los cinco y los siete mil dólares, lo que incluye pasaportes falsos y el traslado. Desde Brasil se abren paso rumbo a Colombia o Ecuador; la vía colombiana los lleva hacia Panamá, donde enfrentan la peligrosísima selva de Darién; si salen vivos de la jungla se encuentran con sus polleros en Honduras, paraíso de los traficantes, que los trasladan, tras otro cuantioso pago, a Guatemala y de ahí a Chiapas.
La travesía dura entre cuatro y seis meses. Y falta recorrer México para pasar, al final, por Sonora.
Ruta directa
Pero no todos los que buscan establecerse en Estados Unidos eligen la ruta más larga y peligrosa. Hay otros, con mayores recursos y conexiones, que viajan vía China o la India rumbo al Pacífico. El enorme tráfico de precursores químicos desde Asia abrió un negocio paralelo: el traslado de migrantes junto a los ingredientes con los que se fabrica el fentanilo. “Hablamos de un nuevo modelo que deja grandes ganancias, pues aprovechan sus sofisticados y entrenados modelos de tráfico de precursores, drogas y armas, para acercar a personas a los puertos mexicanos, evitando así cruzar todo el país y acercándolos a la frontera”, explica Pedro Ríos, activista pro migrante.
Ríos explica que una vez puestos en Sinaloa o Sonora, los migrantes ya tienen un pacto con los cárteles, que les trasladan vía terrestre rumbo a Estados Unidos.
Desde hace varios años, la ruta sonorense hacia Estados Unidos ha sido de las preferidas por los migrantes debido a su extensión territorial y, por ende, la falta de vigilancia suficiente. De acuerdo a estudios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), se calcula que anualmente pasan por Sonora 25 mil viajeros, aunque la versión de las organizaciones civiles multiplica dicha cifra. Por ejemplo, el Centro Comunitario de Atención al Migrante y Necesitado, ubicado en Altar, calculan que treinta mil transitan anualmente por el pequeño pueblo.
Con estos números, es difícil mantener alejado al crimen organizado, que incluso, como lo confirmó la Fiscalía General de la República, opera con líneas de autobuses locales que trasladan y entregan a los migrantes a células criminales. El Instituto Nacional de Migración confirmó que en 2022 se “rescataron” en Sonora a poco más de 15 mil migrantes.
Hace tan sólo cuatro días, las autoridades rescataron a 126 ecuatorianos de una casa de seguridad; se encontraban en manos del crimen organizado; la Fiscalía General de la República (FGR) dijo que aún se desconoce si los sudamericanos pretendían llegar a Estados Unidos o fueron víctimas de tráfico de personas. El domingo pasado, otros 64 fueron localizados, en esta ocasión en un autobús que viajaba por la carretera Hermosillo a Nogales. El pasado 28 de julio, autoridades migratorias localizaron a 154 migrantes retenidos en otra casa de seguridad, en este caso ubicada en Sonoyta. Ahí había africanos, asiáticos y sudamericanos, entre ellos varios menores.
Fuente: Tribuna
