Hermosillo, Sonora.- Desde los 13 años, Kathy Muñoz salió a la calle con una bicicleta y poca mercancía: Collares, piedritas y bisutería que su madre le ayudaba a comprar para después revender.
Aquellas rutas por bancos y oficinas le dieron sus primeros ingresos, pero además le enseñaron que la independencia económica se construye con pasos pequeños y con mucha persistencia.
Quería tener mi propio dinero y era la única forma", recordó, y en esa frase resume el motor de una vida dedicada a las ventas y que ahora transmite por medio de su taller 'Sin ventas no hay paraíso'.
Esa primera experiencia en el mundo de las ventas fue escuela y laboratorio. Con el tiempo montó una tienda de insumos para fabricar joyería, viajaba a pueblos cercanos de su natal Ciudad Obregón como Cócorit o Álamos, en busca de materiales y afinó un instinto comercial que la ha acompañado desde entonces.
En 2009 llegó la oportunidad que marcó un salto: Dirigir un producto de belleza lanzado a nivel internacional. Durante 16 años lideró equipos, alcanzó los primeros lugares de ventas y aprendió a convertir productos en historias que convencen.
Pero la ambición de Kathy iba más allá de representar marcas ajenas. Cuando sus hijos crecieron y sintió que tenía la experiencia suficiente, dio el brinco: Creó su propia marca personal.
No fue un salto impulsivo; fue la suma de reputación, confianza y el deseo de poner en práctica sus ideas. "Si no funciona, aprendo y lo intento de otra forma", dijo con la calma de quien ya sabe que el fracaso es materia prima del aprendizaje.
Su más reciente apuesta es una línea capilar basada en el aceite de marula, una semilla africana de alto valor nutritivo. En apenas seis meses, sus principales productos, shampoo, acondicionador y aceite, han conquistado a más de dos mil 500 clientas satisfechas.
La cantidad de compradoras no es casual: Detrás hay investigación de mercado, segmentación y un discurso pensado para cada cliente.
La seguridad personal es el eje de su enseñanza
Para Kathy, la forma en que una vendedora se planta frente al cliente define la mitad del resultado. "Se pueden hacer las cosas siendo madre, soltera o viuda; si quieres, se puede", afirmó al subrayar la importancia de prepararse, crear hábitos y dedicar tiempo real al negocio. "Vender es voluntad; hacer negocio exige disciplina, estrategia y entrega", puntualizó.
"No te arrepientas, todo suma"
Justo antes de impartir un taller a emprendedoras participantes en Women Up!, la exitosa empresaria indicó que a la Kathy de 13 años le diría: "No te arrepientas, todo suma. Esa bicicleta, esas vueltas por la ciudad y cada colgante vendido son hoy la base de una marca que nace con raíces profundas", aseguró.
Su historia es un recordatorio para las mujeres emprendedoras: El talento importa, pero la constancia y la valentía para saltar fuera de la zona de confort son las que transforman el oficio en empresa y los sueños en realidad.
Fuente: Tribuna del Yaqui
