Ciudad de México.- Así como el Alzheimer, existe la displasia de cadera canina, la cual es una severa complicación en tu can, que puede enfrentarse a tiempo, evitando un deterioro grave a corto plazo, si es que puedes detectar varios signos para saber si tu perro padece al enfermedad degenerativa, y algunos tips para prevenirla y lidiar con ella en caso de no haber marcha atrás.
Así como las personas, los perros necesitan cuidados para sus articulaciones y aunque hay muchas maneras para reducir el riesgo a ciertas enfermedades, como la displasia, es importante recordar que no todos están exentos, pero entre las razas más comunes con esta enfermedad son los San Bernardo, el Pastor Alemán, el Dogo Argentino y de Burdeos, el Labrador, Golden Retriever y Rottweiler, por lo que si tienes de esta clase de can, es importante que sepas esto:
¿Qué es la displasia de cadera?
La displasia de cadera es una malformación de la articulación coxofemoral del perro, lo que significa que el cartílago articular que protege los huesos de tu perro se vuelva más rígido, ocasionando lesiones en las células que lo forman, por lo tanto, que los huesos no ajusten bien, especialmente que el fémur no encaje correctamente en la cavidad que conecta las piernas traseras con la columna, lo que genera dolor, cojera, un desgaste e incluso pérdida de movilidad en casos extremos.
Causas de la enfermedad y edades en las que se presentan
La condición genética de los padres y la raza: Como se explicó hace unos momentos, generalmente un perro de las razas ya mencionadas, tienen una carga genética que los hace tener una mayor predisposición a tenerla, lo que aumenta en caso de que uno de sus padres la padeciera, sin embargo.
La altura, peso y el nivel de actividad: Pese a que las razas antes mencionadas tienen una mayor predisposición, no hay raza exenta, y si tu can no se encuentra en dicha lista, el no cuidar su peso y su nivel de actividad acorde a su raza y consumo calórico, puede derivar en el desarrollo de esta enfermedad.
En cuanto a la etapa de vida en la que se presenta, los expertos sugieres que si el can va a padecer dicha enfermedad, los signos aparecen desde los primeros 12 meses de vida, aunque pueden notarse hasta la adolescencia, que van de los 18 a 36 meses, al igual que cuando ya son considerados en su etapa senior, que es usualmente cuando llegan a los últimos dos años de su media de vida, en el caso de los golden o pastor alemán, entre los 8 y 10 años de edad, sin embargo, aunque es menos probable, casi nula la probabilidad, también pueden desarrollarla en etapa de adulto joven.
Síntomas de la enfermedad y cómo confirmarla
- Cojera en una o ambas patas traseras.
- Dificultad para levantarse, correr o saltar.
- Dolor al tocar la cadera o el área lumbar.
- Un movimiento de balanceo o bamboleo al caminar.
- Rigidez o atrofia muscular.
- Apatía en la rutina diaria: alimentación, salir a la calle, levantarse de su cama, juegos.
Estos síntomas son la alerta para que los lleves con un médico, el cual no podrá definir un diagnostico afirmativo o negativo hasta analizar la historia clínica, realizar un examen físico, unas radiografías, y en caso de una sospecha de un caso grave, sería una tomografía computarizada o resonancia magnética, que ayudan a definir en cual de las cuatro fases de la enfermedad se encuentra:
- Grado I: Mínima alteración con pequeña subluxación. Pocos cambios degenerativos.
- Grado II: Marcada subluxación lateral de la cabeza femoral.
- Grado III: Cambios degenerativos importantes, 50-75 % de la cabeza femoral está fuera del acetábulo.
- Grado IV: Cambios degenerativos muy importantes, presentándose luxación de la cabeza femoral con aplanamiento del borde acetabular y la cabeza femoral.
Tips para su cuidado
- Seguimiento durante el primer año de vida del can para evaluar el estado de sus articulaciones.
- Administración una dieta energéticamente moderada.
- Rutina de ejercicio suave y controlado.
- Administración de condroprotectores, que son alimentos complementarios con efectos beneficiosos sobre la salud de las articulaciones.
- Pérdida de peso, para minimizar el sobreesfuerzo de la cadera.
- Antiinflamatorios que el profesional veterinario los pautará según las características de cada perro.
- Terapia nutricional, que se basa en una dieta y complementos según edad, raza, e historial veterinario.
Fuente: Tribuna del Yaqui
