La posibilidad de entrar en la ruta de la profesionalización, y saber qué tantas oportunidades hay para quien egresa de una institución de educación superior y lograr acomodarse dentro del sector productivo y laboral, es hoy, uno de los desafíos, al que los y las jóvenes se enfrentan. La medición que se le lleva a cabo a un país, para saber si dentro del crecimiento económico hay impacto en su desarrollo, está en los parámetros de la economía, que deberán ser equiparables a los avances en la educación; ahora sí que el binomio será identificar cómo ha evolucionado la educación en determinada región que “presume” tener incremento en su economía. Organismos internacionales de contención, como lo puede ser la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), establecen estándares medibles en estos rubros, y develan en sus resultados, la realidad en términos de que a mayor cantidad de indicadores económicos, como tener un superávit, lograr reducción inflacionaria, contar con estabilidad financiera, equiparación de la propia moneda en las divisas, y considerar un equilibro favorecedor del PIB, además de poco endeudamiento de un país, deberá hablar del primer sector donde habría considerarse invertir, y que sería en educación.
Existen instrumentos que han permitido identificar cuál es el alcance del sistema educativo en México y éstos, se llevaron a cabo desde el 2006 con la prueba ENLACE, que por sus siglas era la Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares, que en aquel momento permitió reconocer cuáles fueron las áreas de oportunidad en el desarrollo del aprendizaje y las competencias en materia de conocimiento en áreas de Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas; posterior a esta tan valiosa evaluación, eliminada de los procesos de medición en materia educativa, aparece como opción PLANEA, que a partir del 2013 funciona como “prueba” para verificar parámetros en aprendizajes, que lejos de ser sólo una evaluación, la Secretaría de Educación Pública la promovió como un Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes, llamándola por sus siglas como anteriormente se hace mención; misma “prueba” y/o “programa” que permitiría dar seguimiento a los resultados para ser parte de las mejoras y adecuaciones curriculares, puntuales para la construcción de habilidades en las áreas que por “default” deberían proyectar la competitividad en el aprendizaje de niños y adolescentes en su etapa de “construcción de sus saberes” definidos universalmente por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en la formación educativa del Enfoque Basado en Competencias y que la antes mencionada OCDE hace valer a principios del siglo XXI, que en México operara bajo un modelo inspirado en Canadá y Australia, echado andar hacia el año de 1993.
Siguiendo una cronología, en el año de 2019 estas evaluaciones cierran su ciclo, las prioridades en términos educativos de nuestro país, por parte de las estructuras políticas, pasaron a escalas que no permitieron asignar presupuestos para este tipo de procesos y programas, aún y con los resultados expuestos en los años anteriores, donde México figuró en los últimos lugares, ahora sí que con todo y la revelación de resultados durante 16 años, la OCDE pudo cuestionar la estabilidad económica y al mismo tiempo el estancamiento de un sistema educacional ajeno a lo que se presume, que México es fuerza económica de América Latina y que se halla en el lugar número 13 de las economías más consolidadas del mundo, versus el lugar 35 de los 37 países evaluados por este organismo en su prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) llevado a cabo en el 2022; revelando que dos de cada tres estudiantes en México en niveles desde educación básica hasta la media superior, no alcanzan el conocimiento elemental en materia de comprensión lectora, lenguaje y pensamiento numérico.
La realidad apunta a que invertir en educación genera los talentos que se requieren para estar en una constante de desarrollo dentro de un país, una región o comunidad determinada; en Ciudad Obregón, en los últimos 10 años se ha percibido un desacelere con relación a los años anteriores en materia económica, dejándose ver la infraestructura que en otros lugares del Estado, como en Navojoa, Hermosillo, San Luis Río Colorado, aparecen, y en nuestra localidad son mínimas en comparación a la escala de estas otras ciudades que se mencionan; Sonora, en los índices de competitividad estatal, aparece en el lugar 9 con dos puntos a la baja en este 2025, de acuerdo a estudios del Instituto Mexicano para la Competitividad A. C., ubicando áreas de oportunidad para ser atendidas.
Como ya se expuso anteriormente, la relación binomial en la proyección de un país con desarrollo, es la preparación de su gente para competir, ya que a mayor posibilidad de personas preparadas, son más las oportunidades para el crecimiento en la economía, partiendo de las propuestas que de los talentos salgan como resultado en la generación de adeptos para el sector productivo y laboral, reflejándose en inventivas, investigaciones y estudios que propondrían mucho en determinación de lo que al interior de un país pudiera perfilarse a ser competitivo en la economía global, y no quedarse únicamente en parámetros de crecimiento, sino en un verdadero desarrollo, que es lo que proyecta el bienestar genuino de la población que forma parte de una comunidad y si se parte de que no hay resultados que demuestren cuál es la condición de la calidad educativa en la que nos encontramos, difícilmente se saldrá del “oscurantismo” que políticamente afecta a este sistema.
Ciudad Obregón ha recibido en los últimos 20 años una cantidad considerable de escuelas de nivel superior, mismas que compiten por la segmentación de un mercado, en los perfiles de ingreso, que aún en esta la llamada era de la información y digitalización ofertan esquemas de estudio de todo tipo, desde virtuales, híbridos o tradicionales; y qué decir de las carreras, donde la participación profesional en las ocupaciones que ofrece la región sur del Estado, deberían dar respuesta a las necesidades de forma puntual y específica, y no contribuir a estadísticas en el rezago, la deserción o las bajas en la matrícula de carreras poco prometedoras en medio de un contexto en el que no hay garantía de competir y aún menos de la colocación en espacios dentro los centros de trabajo que no son propios de los perfiles de egreso, ya sea por carreras en las que no hay trabajo, o bien que cuando hay, la falta de habilidades, conocimientos y actitudes, no lo hagan competente para los desafíos del desarrollo profesional dentro de una organización. Ahora sí que el orden de los factores no altera el producto: la calidad educativa marca tendencia en el crecimiento económico y deberá ser una constante… Siempre que un país se perfile a ser de los mejores, deberá entonces… invertir en ella.
