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Solo los seres de corazón grande, son capaces de levantarse de la derrota para volver a la lucha: Richard Nixon

Rumbos
miércoles, 9 de junio de 2021 · 04:29

JOSÉ AGUSTÍN ORTIZ PINCHETTI, fue uno de los mejores reporteros del staff de la revista Proceso, en los mejores tiempos de esta publicación, cuando su entonces director y fundador JULIO SCHERER GARCÍA, aplicaba la regla de oro de su periodismo sin concesiones.

Scherer a veces era odiado hasta por sus colaboradores. De hecho, uno de sus viejos reporteros, MANUEL PAREDES, me lo confió en una ocasión que vino a Sonora en busca de una información sobre negocios con petróleo en la planta de Guaymas. Esta versión resultó falsa.

Paredes me llamó por teléfono al periódico. No nos conocimos. Me buscó en los indicadores de la empresa y el primer nombre que le saltó fue el mío.

--Mario, usted no me conoce ni yo a usted. Pero de periodista a periodista le pido que me ayude porque yo no conozco a nadie en estos lugares—me dijo, sin más.

Nos encontramos en un restaurante de la calle Miguel Alemán, aquí en Obregón. Charlamos ampliamente. En algún momento, cuando le dije que yo había platicado por teléfono con su jefe, don Julio, me explicó que era el mejor director de México. “Huele la noticia hasta debajo de una piedra. Me mandó a Guaymas para investigar unos supuestos negocios que estaría llevándose a cabo entre funcionarios de Pemex y empresarios del ramo, aparentemente con el apoyo de Luis Donaldo Colosio”, me confió.

--¿Colosio?... No lo creo—le objeté.

Acordamos que lo llevaría a Guaymas, que un amigo mío periodista del Puerto, podría ayudarlo. Que podía confiar en él. Se trepó a mi camioneta, hice escala en una gasolinera, llené el tanque y nos fuimos a Guaymas.

Lo presenté con AGUSTÍN RODRÍGUEZ LÓPEZ, mi amigo de muchos años, y le reiteré que era un periodista de fiar, decente y estaba seguro que él aclararía las dudas. Así fue.

Fue un encuentro largo, con una plática entre tres periodistas con orígenes muy diferentes.

A media tarde Paredes tomó el vuelo en el aeropuerto de Guaymas y regresó a la Ciudad de México, a enfrentarse a su perfeccionista director de Proceso, JULIO SCHERER GARCÍA, considerado el mejor periodista de México, hoy ya extinto. ¿A qué viene todo esto?

A una confidencia que Manuel me hizo: solía enojarse con su jefe Scherer, pues según me dijo, “don Julio es muy injusto”. Y sí lo era por ese perfeccionismo que le caracterizaba.

Así suelen ser los grandes.

La otra cara de la moneda en esta breve historia, tiene qué ver con un relato que don Julio introdujo en alguna parte de uno de sus libros. Se refiere a las cosas domésticas en la revista Proceso, de aquellos años a finales del siglo pasado.

En algún momento, menciona a AGUSTÍN ORTIZ PINCHETTI. Lo describe lejano de sus deberes profesionales, cargándose hacia la política siguiendo los pasos de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR. “Tendrá que irse”, pareció susurrar Scherer García.

Lo último que yo había sabido de Ortiz Pinchetti, es que había sido agredido por desconocidos. Lo recogieron en muy mal estado.

Un periodista de su nivel intelectual, dueño de una impresionante narrativa, había descendido a los abismos de la inconsecuencia por la pasión que despertaban en él los azares de la política activa, especialmente la que generaba un líder que no conocía matices como el hoy presidente de México.

Durante años nada supe de Ortiz Pinchetti. Tampoco de mi amigo, el sufrido reportero de Proceso, a quien don Julio Scherer lo hacía sudar la gota gorda.

Hasta que el entonces Peje se convirtió en jefe de Gobierno del Distrito Federal. Ortiz Pinchetti se convirtió en burócrata.

Cuando terminó el mandato de AMLO, de nuevo se hizo un silencio alrededor de Ortiz Pinchetti. Hasta que AMLO fue candidato en tres ocasiones a la Presidencia de la República.

Cuando por fin llega a la Presidencia López Obrador, Ortiz Pinchetti se vuelve celebridad: su amigo lo nombra titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, que no es como decir enchílame otra gorda ni mucho menos. Pero aquel hombre decente, izquierdista limpio, intelectualmente brillante y excelente reportero premiado en diversas ocasiones, ya no es el mismo, el de la revista Proceso.

Ayer, volví a tener noticias suyas. Ofreció declaraciones infortunadas sobre algunas elecciones locales en el centro del país. Y se presentó como juez y parte. No lo dijo así, pero no era el fiscal imparcial el que hablaba, sino el promotor de la Cuarta Transformación.

Y esto mismo pasa con la Presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Y con algunas instituciones supuestamente independientes. No lo han dicho, todavía. Pero en altos niveles de la Cuarta Transformación, hay coraje y desesperación porque con la pérdida de la mayoría calificada, se pierde la posibilidad de que el Ejecutivo Federal mande una reforma ocurrente a la Cámara de Diputados con la tajante instrucción de que no le quiten ni una coma.

Cínicamente, advierten que, con la ayuda de diputados de otros partidos, obtendrán la mayoría calificada.

Alguien sentenció: “Ningún legislador de la oposición se prestaría a eso”, y el revire no se hizo esperar: “!Los primeros en afrontarse ofreciendo sus servicios serán los priístas”.

Y yo digo: ---Adiós, ¿serán capaces los priístas de vender la causa?

Y otro más, de cuya identidad no pude enterarme por el griterío que había en el programa de televisión, salió con su chistorete de mal gusto:

--Me canso ganso.

Dejando de lado el tono festivo de este texto, habría qué preguntarle a la elite que conforma el grupo que se ha apoderado del CEN del PRI, que no ha hecho nada digno de recordarse en estos dos años y medio para defender tantas causas que han pasado por la Cámara de Diputados sin objeción alguna. Que ha hecho ALITO MORENO, CLAUDIA RUIZ MASSIEU, y el resto de los privilegiados que se han enriquecido a base de componendas con el grupo en el poder, sin tomar en cuenta a la militancia priísta.

Y ya lo dije en la columna de ayer: el PRI ya se acabó, pero quedan los rapaces, los carroñeros.

En fin, así las cosas.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ OIGA, LECTOR, NI HABLAR: ESTOS DÍAS son de extrema soledad en relación con el mundo exterior de cada quién… No se trata de algo personal del columnista, se trata de un estado de ánimo de muchas personas en Sonora y con mayor impacto en ciertas regiones específicas…

A usted no se le puede escapar: tengo amigos entrañables que pasan por momentos difíciles. Perder en cualquier actividad no es algo que se pueda digerir fácilmente. Y menos cuando empiezan a aparecer signos que meten dudas en las personas involucradas…

Yo he vivido lo suficiente para comprender y dejar pasar este tipo de incidentes… Pero me duelen mis amigos…

Por el contrario, dos de mis cuates andan locos de contento: a uno, RODOLFO JORDAN, el exceso de derrotas de la Alianza en Sonora, hizo posible que le toque una diputación local plurinominal; el otro, SERGE ENRÍQUEZ TOLANO, triunfó en la elección de presidente municipal de Bácum… Me congratulo por ellos… No ocurrió así en Etchojoa: GUADALUPE PALACIOS, un hombre bueno, cayó arrasado por el fenómeno de la marca AMLO, igual que sucedió en todo el sur de Sonora, con la excepción de Álamos…

Es todo.

Le abrazo.

m.rivastribuna@gmail.com

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