Columna de opinión

Petróleo: La geopolítica vuelve a mover el mercado energético

Columna de Sergio García

Petróleo: La geopolítica vuelve a mover el mercado energético
Columna de Sergio García Foto: TRIBUNA

En el mercado energético mundial hay una regla que rara vez falla: Cuando la geopolítica se pone brava, el petróleo responde primero. Las últimas semanas han sido un ejemplo claro de esa dinámica. La escalada del conflicto en Medio Oriente, particularmente en torno a Irán, ha vuelto a colocar al crudo en el centro del tablero global, recordándonos que, más allá de la transición energética y de los discursos sobre descarbonización (y proliferación de carros electricos), el petróleo sigue siendo una de las variables más sensibles de la economía internacional.

Los mercados reaccionaron de inmediato. Tras los ataques y contraataques en la región, el precio del Brent —la referencia internacional— llegó a subir hasta un 13 por ciento en cuestión de días y superó los 82 dólares por barril, el mayor avance en varios años, reflejando la preocupación de los inversionistas por posibles interrupciones en el suministro energético mundial.

Este tipo de reacción no es sorprendente. Irán es un actor importante  en el mercado petrolero. De acuerdo con estimaciones de analistas energéticos, el país produce alrededor de 3 a 4 por ciento del suministro mundial de crudo, pero el verdadero peligro no está tanto en su producción directa sino en la posición estratégica de su ubicación geográfica.

Al sur de Irán se encuentra el Estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más importantes del planeta. Aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo pasa por ese punto, lo que convierte cualquier tensión militar en un factor inmediato de presión sobre los precios internacionales .

Por eso, los analistas energéticos hablan de lo que se conoce como "prima de riesgo geopolítico". Un sondeo entre economistas y especialistas del mercado petrolero citado por Reuters señala que las tensiones con Irán han añadido entre 4 y 10 dólares por barril al precio del crudo, reflejando la incertidumbre sobre la estabilidad del suministro global .

Hoy, el mercado se mueve entre dos fuerzas opuestas. Por un lado, la guerra o las tensiones militares elevan el precio por miedo a interrupciones del flujo energético. Por otro, la estructura del mercado petrolero actual tiende a limitar esas alzas, por otras crisis aprendidas en la historia.

De hecho, varios análisis (en un entorno moderado) coinciden en que, pese al conflicto, el mundo no enfrenta hoy una escasez estructural de petróleo. Un sondeo de analistas recogido por Reuters estima que el precio promedio del Brent podría situarse en torno a 63.85 dólares por barril en 2026, lo que sugiere que el mercado sigue relativamente bien abastecido, vaya no hay escaces de crudo ni la habrá.

Incluso escenarios más extremos plantean incrementos importantes pero no necesariamente permanentes. Un análisis de BloombergNEF indica que si las exportaciones iraníes se interrumpieran de forma significativa, el Brent podría escalar hacia 90 dólares por barril a finales de 2026, aunque ese escenario se considera poco probable en ausencia de una interrupción prolongada del suministro .

Dicho de otra manera, el mercado petrolero actual funciona con una lógica distinta a la de las crisis energéticas del siglo pasado. Hoy existen más productores relevantes fuera del Medio OrienteEstados Unidos, Brasil, Canadá o Guyana— que amortiguan los shocks regionales. Esa diversificación limita la duración de los picos de precios, atenuendo las crisis.

Sin embargo, sería un error minimizar el impacto político del petróleo. Más que un simple commodity, el crudo sigue siendo una herramienta estratégica. Cuando los precios suben, el efecto se transmite rápidamente a la economía global: aumentan los costos de transporte, presiona la inflación y se encarecen las cadenas de suministro. Es un efecto dominó inmediato.

Por eso cada conflicto en Medio Oriente vuelve a despertar el recuerdo de crisis energéticas pasadas. Los mercados saben que el petróleo es uno de los pocos recursos cuyo flujo depende tanto de la geografía como de la política. Y cuando ambas se cruzan —como ocurre hoy— el resultado inevitable es volatilidad.

El escenario más probable en los próximos meses es una mezcla de incertidumbre y moderación. Los precios podrían mantenerse elevados mientras persista el riesgo geopolítico, pero difícilmente alcanzarán niveles extremos si el suministro global continúa fluyendo con relativa normalidad.

En términos simples, el petróleo está reaccionando a la política, pero el mercado aún no está convencido de que el mundo enfrente una verdadera crisis energética. Lo que sí queda claro es que, en un planeta donde la seguridad energética sigue siendo estratégica, cada conflicto regional tiene el potencial de convertirse en un asunto global.

Y el petróleo, como tantas veces en la historia, vuelve a ser el primer termómetro de esa tensión.

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