El 8 de marzo no es una fecha para discursos cómodos ni para reconocimientos superficiales. Es un día que nos invita a reflexionar con honestidad sobre lo que hemos avanzado y, sobre todo, sobre lo que aún nos falta por transformar. Como mujer joven que hoy tiene la responsabilidad de ocupar un espacio relevante en el Gobierno de Sonora, vivo este día con profunda conciencia: Cada paso que damos en la vida pública no es únicamente personal, es colectivo.
Pertenezco a una generación de mujeres que creció escuchando que sí podíamos, pero que también enfrentó estereotipos, dudas y resistencias. Desde muy joven tuve claro que quería participar en la vida pública, aun sabiendo que ser mujer y ser joven podía convertirse en un doble filtro. Cuando a los 23 años asumí la dirección de Telemax, entendí con claridad algo que me ha acompañado siempre: No tenía margen de error. No porque el error no sea humano, sino porque sabía que cualquier tropiezo no sería leído solo como el de una persona, sino como el de "la mujer joven" a la que le habían confiado una responsabilidad.
Ese peso, lejos de paralizarme, me dio dirección. Me enseñó que la mejor manera de abrir camino es con resultados. Que la disciplina, la preparación constante y el trabajo en equipo son herramientas poderosas para desmontar prejuicios. Que detrás de cada meta alcanzada hay horas de estudio, de organización, de planeación estratégica. Que la vocación pública exige carácter, pero también sensibilidad.
En Sonora estamos viviendo un momento significativo en materia de igualdad sustantiva. El gobernador Alfonso Durazo asumió un compromiso claro desde campaña: Gobernar con las mujeres y con los jóvenes. No fue una frase retórica. Hoy contamos con un gabinete paritario, mitad mujeres y mitad hombres; y también con una integración equilibrada entre juventud y experiencia, entre nuevas generaciones y perfiles que, como él mismo dice, "no se cuecen al primer hervor".
Esa combinación no es casualidad, es una visión de Estado. Es reconocer que las decisiones públicas se enriquecen cuando se construyen desde miradas distintas. La experiencia aporta perspectiva; la juventud aporta energía y nuevas formas de pensar. Las mujeres aportamos talento, sensibilidad social y una capacidad probada de organización y liderazgo. La paridad no es una concesión ni una moda: es justicia, es equilibrio y es eficiencia institucional.
He sido testigo del liderazgo de compañeras que hoy encabezan áreas que históricamente no eran dirigidas por mujeres. Mujeres en infraestructura, en desarrollo social, en economía, en planeación, en comunicación, en atención ciudadana. Mujeres jóvenes y mujeres con trayectoria que, juntas, están demostrando que la capacidad no tiene género. Este cambio no ocurrió de la noche a la mañana. Es resultado de décadas de lucha, de reformas legales, de acciones afirmativas que aceleraron un proceso cultural que hubiera tardado mucho más sin decisiones firmes.
Pero también es resultado de algo más profundo: La convicción de que la igualdad no se decreta, se ejerce. Y se ejerce con responsabilidad. Porque abrir espacios implica estar a la altura de ellos. Implica prepararnos permanentemente, rendir cuentas y asumir que el servicio público no es un privilegio, es una obligación frente a la ciudadanía.
Como joven funcionaria, me corresponde no solo coordinar tareas técnicas o dar seguimiento a políticas públicas. Me corresponde también enviar un mensaje claro a las niñas y jóvenes de Sonora: Sí se puede. El origen no determina el destino. No todas partimos del mismo punto, es cierto, pero todas podemos trazar un plan de vida, fijar metas de corto, mediano y largo plazo y trabajar con constancia para alcanzarlas.
En mi caso, la disciplina ha sido un eje rector. Aprendí desde casa la importancia de la organización, de establecer objetivos claros y de mantener coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace. La formación académica, el acompañamiento de maestras y maestros, el respaldo de mi familia y el trabajo en equipo han sido pilares fundamentales. Nadie llega sola a ningún lugar. Siempre somos el resultado de quienes nos han apoyado y de quienes confiaron en nosotras antes incluso de que nosotras mismas lo hiciéramos.
Recuerdo que en la secundaria quise practicar deportes que simplemente no estaban disponibles para mujeres. Tuvimos que organizar el primer equipo femenil. En ese momento parecía un gesto pequeño. Hoy entiendo que esos pequeños actos son semillas de transformación. La igualdad se construye también en lo cotidiano: En el aula, en la cancha, en la oficina, en el hogar. Se construye cuando dejamos de normalizar que algo "no es para mujeres" y empezamos a cuestionarlo.
El 8M también es un recordatorio de que persisten brechas. La desigualdad salarial, la violencia de género, los techos de cristal, las cargas desproporcionadas en el trabajo doméstico, los estigmas que todavía pesan sobre quienes decidimos participar en política. No podemos ignorarlos. Pero tampoco podemos permitir que definan nuestro horizonte.
He enfrentado situaciones de discriminación, como muchas mujeres. Sin embargo, he decidido no quedarme en la queja, sino en la acción. Identificar los obstáculos y, desde mi trinchera, trabajar para que esas puertas que encontré cerradas no vuelvan a cerrarse para alguien más. Esa es, para mí, la esencia de la sororidad: Confiar en nosotras, acompañarnos y comprender que el avance de una es el avance de todas.
Nuestro gobernador Alfonso Durazo ha impulsado políticas públicas con perspectiva de género, fortaleciendo instituciones y ampliando oportunidades. Pero más allá de las cifras, lo que estamos construyendo es una cultura distinta. Una cultura donde ver a una mujer joven en un cargo directivo deje de ser noticia y se convierta en normalidad. Donde la pregunta no sea si podemos, sino cómo lo vamos a hacer mejor.
Siempre hemos sido parte de la historia. Lo que cambia es la visibilidad y la oportunidad. Hoy, en Sonora, se ve y se siente un gobierno que reconoce el talento femenino y juvenil como una fortaleza estratégica. Un gobierno que entiende que la transformación solo es posible si incluye todas las voces y si genera condiciones reales para que esas voces participen en igualdad.
A nivel nacional también vivimos un momento significativo bajo el liderazgo de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha impulsado acciones para visibilizar el papel de las mujeres en la historia de México, recuperando sus trayectorias y creando espacios que reconocen su legado. Hoy sí es tiempo de mujeres, y no solo como una consigna, sino como una realidad que se construye desde las instituciones. Porque siempre hemos estado presentes; lo que hoy cambia es que nuestra participación se nombra, se documenta y se coloca en el centro de la narrativa pública.
La responsabilidad que asumimos quienes hoy ocupamos estos espacios es enorme. Porque si fallamos, no solo fallamos nosotras: Alimentamos el prejuicio de quienes aún dudan. Por eso trabajamos con rigor, con pasión y con una convicción profunda de servicio público. Porque queremos que cuando se hable de mujeres en el gobierno no se hable de cuotas, sino de resultados, de eficiencia, de compromiso y de bienestar para la sociedad.
El 8 de marzo es memoria y es futuro. Es recordar a quienes lucharon antes que nosotras y es comprometernos con quienes vienen detrás. A las niñas que hoy sueñan con ser científicas, deportistas, empresarias, servidoras públicas o gobernadoras, debemos dejarles un camino más amplio y más justo.
En Sonora estamos dando pasos firmes. No hemos llegado a la meta, pero avanzamos con claridad. Abrir puertas es un acto político; mantenerlas abiertas es un acto de responsabilidad.
Ese es el compromiso: que ninguna mujer vuelva a tocar una puerta cerrada por razón de género. Que cada espacio conquistado se traduzca en oportunidades reales. Que la igualdad deje de ser aspiración y se convierta en práctica cotidiana.
Porque cuando gobernamos con mujeres y con jóvenes, no solo cumplimos una promesa: fortalecemos nuestras instituciones, enriquecemos las decisiones públicas y construimos un mejor presente y un futuro más justo para todas y todos.