Cada 8 de marzo no solo conmemoramos una fecha en el calendario. Recordamos una historia de lucha, de organización colectiva y de transformación social que ha marcado el rumbo de nuestras instituciones y de nuestra democracia.
El Día Internacional de la Mujer tiene un origen profundamente ligado a las demandas de justicia laboral, condiciones dignas de trabajo y reconocimiento pleno de derechos. A más de un siglo de aquellas primeras movilizaciones, el desafío sigue vigente: Construir sociedades donde la igualdad sustantiva no sea una aspiración, sino una realidad cotidiana.
Desde mi responsabilidad como rectora de la Universidad Estatal de Sonora, asumo que la agenda de igualdad no es un tema accesorio ni circunstancial. Es un eje transversal que atraviesa la vida universitaria, la formación profesional y la construcción de ciudadanía. Las universidades públicas tenemos la obligación ética y social de generar espacios seguros, libres de violencia y discriminación, donde las mujeres puedan desarrollarse con plenitud, liderazgo y autonomía.
Ser la primera mujer rectora en la historia de nuestra institución representa un honor, pero también una responsabilidad histórica. No se trata únicamente de ocupar un cargo; se trata de abrir camino, de demostrar que el liderazgo femenino no es excepción, sino capacidad probada.
Las mujeres hemos demostrado, en la academia, en la gestión pública y en la vida comunitaria, que sabemos conducir instituciones complejas con visión estratégica, sensibilidad social y firmeza en la toma de decisiones.
Mi experiencia como servidora pública, y en su momento como líder social y legisladora, me ha permitido comprender que la igualdad de género no se construye únicamente desde el discurso. Se construye desde las leyes, desde el presupuesto, desde la política pública y desde la voluntad de transformar estructuras históricamente excluyentes.
México ha avanzado de manera significativa en las últimas décadas: Reformas constitucionales en materia de paridad, tipificación de la violencia política y digital de género, creación y fortalecimiento de mecanismos institucionales para la protección de derechos y ampliación de oportunidades educativas y laborales para las mujeres.
Hoy vivimos un momento histórico con la primera mujer presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum. Su llegada a la titularidad del Poder Ejecutivo no es un hecho aislado; es resultado de décadas de lucha de miles de mujeres que exigieron representación y participación efectiva en la toma de decisiones. Este acontecimiento simboliza que los techos de cristal pueden romperse cuando la sociedad avanza hacia la igualdad sustantiva.
Sin embargo, los avances no deben llevarnos a la complacencia. Persisten brechas salariales, desigualdades en el acceso a posiciones directivas, cargas desproporcionadas de trabajo doméstico y de cuidados, así como expresiones de violencia que lastiman nuestra dignidad y el propio tejido social. Por ello, el compromiso institucional debe traducirse en acciones concretas: protocolos claros contra el acoso y la violencia, programas de acompañamiento y prevención, formación con perspectiva de género y políticas que promuevan la corresponsabilidad.
En la Universidad Estatal de Sonora trabajamos para consolidar una cultura organizacional basada en el respeto, la igualdad y la inclusión. Impulsamos la formación de profesionales conscientes de su entorno, capaces de cuestionar estereotipos y de ejercer su liderazgo con responsabilidad social.
Educar con perspectiva de género es formar ciudadanas y ciudadanos críticos, sabedores de la diversidad de la que son parte, empáticos y con compromiso con la justicia.
El 8 de marzo también es un llamado a los hombres. La igualdad no es una agenda exclusiva de las mujeres. Es un proyecto colectivo que requiere la participación activa de toda la sociedad. Transformar patrones culturales implica reconocer privilegios, cuestionar prácticas normalizadas y asumir corresponsabilidad en la construcción de relaciones más justas.
Como mujer, académica, funcionaria, madre y abuela, estoy convencida de que la educación es la herramienta más poderosa para transformar realidades. Cuando una mujer accede a la educación superior, no solo cambia su destino individual; impacta a su familia, a su comunidad y al desarrollo económico y social del país. Por ello, defender el acceso, la permanencia y el éxito académico de las mujeres en nuestras universidades es una prioridad estratégica.
Conmemorar el Día Internacional de la Mujer implica honrar la memoria de quienes nos antecedieron, reconocer los avances alcanzados y reafirmar el compromiso con lo que aún falta por conquistar. No se trata de una fecha simbólica; es un recordatorio permanente de nuestra responsabilidad institucional y social.
Sigamos trabajando para que cada niña y cada joven sepa que no hay espacio vedado para sus aspiraciones. Que la ciencia, la política, la empresa, la academia y la vida pública les pertenecen en igualdad de condiciones. Que el liderazgo femenino no sea noticia por ser excepción, sino parte natural de una sociedad verdaderamente democrática.
El 8 de marzo es memoria, es conciencia y es acción. Y desde la Universidad Estatal de Sonora reiteramos nuestro compromiso con una educación que transforme, que incluya y que garantice igualdad sustantiva para todas y todos.
Doctora Martha Patricia Patiño Fierro
Rectora UES