En Sonora no estamos ante un simple relevo de dirigencias gremiales (quince organizaciones renovaron en lo que va del año), sino frente a un punto de inflexión institucional en la antesala de 2027, cuando se renovará la gubernatura por tres años y se redefinirá el rumbo político, económico y social del estado; quienes hoy asumen la conducción de sus organizaciones no reciben solo una agenda administrativa, sino un tablero político complejo donde desfilarán aspirantes, surgirán nuevas siglas y se reciclarán actores bajo promesas de cambio o continuidad, pero la verdadera pregunta no es qué partido se posicionará mejor, sino qué modelo de estado queremos consolidar y qué papel asumirá la sociedad organizada para influir con carácter en esa definición.
Conviene hacernos preguntas incómodas: ¿Qué tan sólida es realmente la fuerza de los partidos? ¿Qué tan creíble es crear nuevas plataformas con los mismos actores y prácticas? ¿Tiene sentido cambiar solo por la narrativa del relevo?
La experiencia demuestra que el cambio no siempre mejora y que la permanencia no garantiza estabilidad; lo que define el rumbo no es el color, sino la capacidad técnica, la ética pública y la visión de largo plazo. En ese contexto, los organismos intermedios no podemos ser espectadores ni instrumentos coyunturales, pero tampoco opositores automáticos; nuestra tarea es incidir, entendiendo que participar no es asistir ni aplaudir, sino influir en la agenda, presentar diagnósticos serios, proponer soluciones viables, impulsar reformas y dar seguimiento real a su cumplimiento.
En INCIDE hemos confirmado que cuando la sociedad organizada actúa con método, coherencia y cohesión estratégica, los resultados llegan: propuestas sólidas se convierten en programas de gobierno, planteamientos técnicos se incorporan a marcos normativos y la articulación gremial logra mover estructuras que parecían intocables, no por cercanías partidistas ni alineamientos automáticos, sino por rigor técnico y claridad institucional.
Por eso debe afirmarse que la pluralidad no es tibieza, sino fortaleza; escuchar no significa claudicar principios, y colaborar con el gobierno no implica subordinación ni comparsa, porque la gobernanza auténtica demanda coordinación con autonomía, interlocución firme y decisiones basadas en evidencia, no en simpatías.
Las organizaciones de la sociedad civil no existen para respaldar ciegamente al poder en turno, sino para representar intereses legítimos, defender el desarrollo del Estado y elevar el debate público.
Que un dirigente tenga preferencias personales es natural, pero ello no convierte a toda una organización en extensión partidista, y la verdadera madurez política exige reconocer que la autonomía institucional es saludable, la pluralidad interna es legítima y la interlocución no equivale a alineamiento electoral.
Los actores políticos deben evolucionar y asumir que la sociedad organizada no es botín ni aval automático, y al mismo tiempo la propia sociedad tiene que perder el miedo a disentir, a exigir y a establecer condiciones claras; no se trata de confrontar por inercia, sino de elevar el estándar del debate público, definiendo con precisión qué propuestas son viables, qué políticas necesitan ajustes y qué decisiones impactan el desarrollo integral del estado.
En ese marco, la unión entre organismos no es opcional, sino estratégica: divididos somos interlocutores frágiles; articulados nos convertimos en contrapeso técnico. La renovación de liderazgos abre la oportunidad de construir una agenda común que trascienda coyunturas y colores, no para competir entre nosotros, sino para fortalecer nuestra incidencia colectiva, porque representamos empleo, productividad y criterio social, y ese capital no puede diluirse en protagonismos aislados ni alineamientos prematuros.
El 2027 no puede reducirse a un calendario electoral; debe asumirse como un punto de inflexión en la madurez pública de Sonora. A los organismos intermedios nos corresponde algo más que opinar; si actuamos con unidad y firmeza, puede marcar un antes y un después en la relación entre sociedad y gobierno. La responsabilidad que asumimos trasciende coyunturas y colores: consiste en aportar inteligencia colectiva, elevar el estándar del debate y contribuir, sin titubeos, al rumbo y la estabilidad del estado.
Damos desde este espacio, la bienvenida a las nuevas dirigencias gremiales !!
