En los últimos días he estado reflexionando sobre el orgullo de ser sonorense: haber nacido en el noreste del país, entre el mar y el desierto; crecer con tradiciones ancestrales y prácticas culturales con influencia de los pueblos originarios; vivir cerca de la frontera y convivir con un país multicultural; y desde luego, tener la suerte de disfrutar de una gastronomía con sabores únicos, gracias al trabajo campesino, ganadero y pesquero.
Este lunes asistí a la inauguración de la Casa Sonora en las instalaciones de la Secretaría de Turismo del Gobierno de México, en la capital del país; un espacio creado para la promoción turística de Sonora, que está contribuyendo al propósito de hacer de México el quinto destino turístico más importante del mundo, gracias a las bellezas naturales, las expresiones artísticas y culturales, así como la riqueza gastronómica.
Estoy segura de que como México no hay dos; cada estado tiene su encanto y su folclor. En el caso de Sonora, la experiencia de prender el carbón, asar la carne condimentándola únicamente con sal y servirla en una tortilla de harina recién hecha es parte de nuestro ritual gastronómico. Desde luego, nada mejor que hacer en familia o con las amistades.
Recorrer los municipios del estado, además de conocer de primera mano las necesidades de la gente, me ha permitido ser turista en mi propia tierra: ver el atardecer en la playa o en plena carretera; probar la comida tradicional, donde cada lugar tiene su propio sazón; y disfrutar de las obras de la naturaleza, como la unión del desierto con el mar, los bosques de las serranías o bien la riqueza biológica del golfo de California y de la reserva El Pinacate.
Recientemente, visité Cocorit, un pueblo que se encuentra en Cajeme y que fue su primera cabecera municipal. Un lugar pintoresco, donde le hacen honor a los colibríes con sus murales, atrayendo a turistas interesados en la historia yaqui y la danza del venado. También estuve en Rayón para el arranque de la Liga de Béisbol del Río Sonora, una de las capitales queseras de Sonora y donde se puede degustar el queso cocido con chiltepín, el pan de mujer, la machaca y la carne seca.
Nací en Hermosillo, la 'Ciudad del Sol', una ciudad privilegiada por la cercanía con la Bahía de Kino y con calles por las que la historia habla; actualmente, un destino importante para el turismo médico y de negocios. En otros momentos, he hablado de la belleza y el valor turístico de los pueblos mágicos de San Carlos y Álamos, a los que se suman Ures, Magdalena de Kino y Cananea —este último considerado 'Cuna y precursora de la Revolución Mexicana'.
¡Qué orgullo ser sonorense!
Lorenia Iveth Valles Sampedro
Senadora de la República
