Columna de opinión

FRANKENSTEIN... De Guillermo del Toro

Un Ciudadano Pensó por Gustavo Tena

FRANKENSTEIN... De Guillermo del Toro
Columna de Gustavo Tena Foto: TRIBUNA

No acostumbro a hacer reseñas ni críticas de películas, pero en este caso, la reflexionaré en función de una historia que cuenta entre líneas de manera simbólica.

El monstruo, así lo llaman en la historia que nos cuenta Memo del Toro; yo lo llamaría mejor y más respetuosamente "El ser". Está conformado de muchas piezas... Vaya partes humanas, de diferentes hombres, que tuvieron diferentes historias, vidas y relatos, que sintieron esas vidas de formas muy diferentes entre sí.

Ese monstruo que protagoniza esa película es, en realidad, de manera simbólica, una representación del alma humana, que está conformada también de pedazos de diferentes personalidades, es decir, las diferentes vidas que nuestros espíritus han estado encarnando una y otra vez de manera ininterrumpida, marcando al alma de cicatrices que son nuestras experiencias, nuestro aprendizaje... O mejor dicho, nuestro crecimiento en conciencia.

Como dije, ese ser que nombran monstruo en la película es el alma humana; por lo tanto, Víctor Frankenstein simboliza al genetista que creó al humano y al Origen que creó el alma que ancla al espíritu, vaya, que lo conecta al cuerpo. Otros, en diferentes mitologías, lo llaman Dios.

Este ser, creado a imagen y semejanza, no igual, sino semejante, nunca muere, finge morir para renacer de nuevo a otro sufrimiento... Bueno, así lo expresa la película en su simbología, en la que llegar a este mundo físico con la memoria borrada y con todo su entorno en su contra mientras intenta entender o recordar para qué o por qué está ahí, viviendo.

A lo que su creador, Frankenstein, le dice antes de partir: "Si ya estás aquí vivo... ¡VIVE! No te quejes ni dramatices, ¡VIVE!". (Esta es mi traducción).

Así andamos la humanidad, como la criatura de la película, con miles de cicatrices (vidas) marcándonos, sabiendo cosas que desconocemos de dónde las sabemos y con heridas que nos hicieron o nos hicimos en quién sabe cuál vida. Tratando no de vivir, sino de sobrevivir, teniendo a esa puerta que hemos cruzado miles de veces y que llamamos muerte, cuando, al igual que al ser de esta película, estamos imposibilitados de morir; no es parte de nuestra naturaleza.

Curiosamente, quien creó al ser no posee la misma naturaleza. En términos de espiritualidad humana, ese creador no tiene eso que conecta al ser con el origen, es decir, lo que comúnmente conocemos como la chispa divina. Por ello el creador, es decir, Frankenstein, muere sin saber cómo pudo crear un ser incapaz de morir. Y esto se enlaza, como dije, simbólicamente con las historias que explican la creación del ser humano por extraterrestres genetistas, que, aunque tengan la capacidad de vivir miles de años, si fallecen, sísí dejan de existir.

En cada historia, novela, película o anécdota del pasado, siempre está presente y escondida lo que dicen que es nuestro verdadero origen, naturaleza y esencia, y no es de débiles criaturas ignorantes; de hecho, nótese la historia de la película, el miedo que el creador tiene de su creación, solo que el ser, la criatura, está confundida con su memoria borrada y tratando de entender por qué el mundo material entero y el no material lo atacan sin cesar.

No somos débiles criaturas ignorantes, no recordamos nuestra fuerza ni naturaleza y no quieren que recordemos quiénes somos; tal vez por eso es que nos llenan de miedo la cabeza, para que no recordemos.

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