En 2006, en una reunión de Incide, Don Faustino Fernández Aguilar, presidente del Grupo Visión 2025, hablaba de Hermosillo en el futuro, no como una fecha, sino como una responsabilidad colectiva. No prometía milagros ni proyectos faraónicos. Hablaba de algo mucho más difícil: Visión compartida, acuerdos de largo plazo, infraestructura pensada como sistema, agua como eje de desarrollo, capital humano, legalidad, competitividad y confianza entre sectores. A 20 años después, el calendario se cumplió, apenas el mes pasado. La pregunta incómoda es otra: ¿se cumplió la visión? La respuesta honesta es: a medias… y muy tarde.
Lo que Don Faustino veía con claridad (y hoy sigue vigente)
Releer Visión Hermosillo 2025 hoy provoca una mezcla rara de orgullo y frustración. Orgullo, porque el diagnóstico era correcto. Frustración, porque sabíamos lo que había que hacer.
Ahí estaba todo:
• Agua como condición del desarrollo.
• Reúso, saneamiento y recarga.
• Infraestructura urbana y competitividad.
• Educación, investigación y tecnología.
• Estado de derecho.
• Articulación social y económica.
• Gobierno ejemplar y sociedad participativa.
No era una ocurrencia y tampoco lo hizo solo, consultó a los mejores de la época. Era una hoja de ruta. Y no dependía de un partido, ni de un alcalde, ni de un gobernador. Dependía de algo más frágil: Voluntad sostenida.
Don Faustino no se equivocó. Nosotros nos cansamos antes de tiempo. ¿Nos quedamos cortos? Sí. Pero no por falta de dinero. No por falta de ideas. No por falta de diagnósticos.
Nos quedamos cortos porque confundimos visión con documento, y planeación con discurso. Avanzamos en obras, sí. Pero no consolidamos sistemas. Hicimos proyectos, pero no gobernanza. Invertimos, pero sin continuidad. El agua es el mejor ejemplo: Llevamos 20 años hablando de lo mismo… porque nunca lo resolvimos de fondo. Fugas, ineficiencia, presión política, decisiones postergadas, soluciones temporales. Siempre "aguantando un verano más". Y cuando el agua falla, todo lo demás se vuelve frágil: Inversión, industria, vivienda, calidad de vida.
¿Falló el gobierno? Sería cómodo decir que sí… pero sería incompleto.
Hubo gobiernos con más visión que otros. Hubo administraciones que empujaron más. Hubo inversión real.
Lo que no hubo fue continuidad institucional blindada al vaivén político. Cada cambio de administración fue, muchas veces, volver a empezar.
La planeación de largo plazo nunca tuvo dientes suficientes para sobrevivir al corto plazo electoral.
¿Falló el empresariado? Aquí duele más mirarnos al espejo.
El empresariado fue clave para imaginar el futuro, pero no siempre estuvo dispuesto a pagar el costo político, económico o social de defenderlo.
Muchas veces preferimos: El proyecto propio al proyecto común; El beneficio inmediato a la solución estructural; La negociación privada al acuerdo público; El silencio cómodo al conflicto necesario; La visión requería liderazgo colectivo. A veces ofrecimos acompañamiento… pero no presión sostenida.
¿Falló la sociedad? También.
Nos acostumbramos a exigir resultados sin involucrarnos en procesos. A indignarnos en la crisis, pero a desentendernos en la planeación. A reclamar agua, servicios y ciudad, sin asumir que eso exige decisiones incómodas.
La participación se volvió reactiva, no estratégica.
Entonces… ¿qué pasó?
No fue una sola cosa. Fue una suma peligrosa de factores conocidos: Cambios políticos constantes, sin acuerdos transexenales reales; Pleitos estériles que desgastaron confianza entre sectores; Falta de decisiones difíciles, sobre todo en agua y orden urbano; egos, sí. De todos lados; conformismo: "Así ha funcionado siempre"; burocracia y trámites que frenan al que quiere hacer bien las cosas; Certeza jurídica intermitente; y una verdad incómoda: a veces nos sobra diagnóstico y nos falta carácter.
20 años después, el eco del padre… y la voz del hijo
Hoy, su hijo Arturo Fernández Díaz González, presidente de Sonora Global, lo dice fuerte y claro: "Sonora y Hermosillo no pueden seguir improvisando su futuro. El desarrollo no es espontáneo. Se construye. Y si no hay confianza, reglas claras y coordinación, el crecimiento se vuelve frágil".
No es una ruptura con el pasado. Es una continuidad generacional del mismo mensaje: Sin visión compartida, el potencial se desperdicia. La pregunta que sí importa ya no es: ¿Qué queremos? Eso ya lo dijimos. ¿Qué necesitamos? Eso lo sabemos.
La pregunta real es otra: ¿Por qué, sabiendo todo esto, no sucede?
¿Egoísmo? ¿Pereza institucional? ¿Conformismo social? ¿Conveniencia política? ¿Partidismo? ¿Miedo a perder privilegios? ¿Falta de confianza entre nosotros?
Tal vez un poco de todo. El 2025 no es un cierre. Es un espejo.
Hermosillo 2025 no debía ser una meta cumplida, sino una ciudad preparada para decidir su futuro.
Aún estamos a tiempo. Pero solo si aceptamos una verdad incómoda: El problema ya no es técnico. Es ético, político y colectivo. El futuro no va a llegar solo. O lo construimos juntos, con decisiones duras, acuerdos reales y responsabilidad compartida, o seguiremos escribiendo visiones… para que otros, dentro de 20 años, vuelvan a preguntarse lo mismo.
Ahora es cuando.
