Columna de opinión

Cuando el Estado confunde propaganda con salud pública: A propósito de la Encodat y el fentanilo

Columna de opinión de Rubén Carreón Diazconti de El Colegio de Sonora

Cuando el Estado confunde propaganda con salud pública: A propósito de la Encodat y el fentanilo
Columna de opinión de Rubén Carreón Diazconti de El Colegio de Sonora Foto: Cortesía

El 23 de diciembre pasado, el gobierno de la República dio a conocer un comunicado de prensa titulado Resultados de la Encodat 2025 demuestran que funciona la campaña Aléjate de las drogas. El fentanilo te mata, donde se presentan los hallazgos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat 2025). Sin embargo, los datos relacionados con el fentanilo están gravemente distorsionados, ya que ofrecen cifras que indican, de manera engañosa, que su uso en México está en descenso.

En primer lugar, la Encodat se realiza en hogares, mientras que una proporción considerable de quienes consumen fentanilo no reside en viviendas, sino en situación de calle y altos niveles de exclusión social. Por lo tanto, sostener que una campaña antidrogas fundamentada en el miedo ha llevado a una disminución del consumo no solo es un disparate político, sino también una burla a la realidad del consumo de drogas y a los principios de salud pública en México

Ese titular no prueba que 'funcione' algo: Es una estrategia de marketing político disfrazada de investigación científica. El informe Encodat 2025 no demuestra que una estrategia fundamentada en el miedo haya disminuido el uso problemático ni las fatalidades relacionadas con las sustancias. Lo que revela, nuevamente, es la notable habilidad del gobierno para interpretar la información de manera selectiva, pasar por alto la evidencia global y transformar un desafío de salud pública en un espectáculo de moralidad.

En primer lugar, el descenso en el uso de fentanilo no se puede asociar directamente con lemas o advertencias aterradoras. Las iniciativas que emplean el miedo y la estigmatización nunca han probado, de forma consistente y sistemática, que efectivamente reduzcan el consumo problemático o los fallecimientos por sobredosis.

De hecho, las tácticas fundadas en evidencia que sí disminuyen fatalidades y daños —tales como la distribución de naloxona, el análisis de sustancias, el acceso a tratamientos sin coerción y la educación basada en evidencias— se clasifican dentro de lo que se conoce como reducción de daños, en lugar de en discursos moralizadores.

Las campañas que repiten "el fentanilo te mata" se basan en una idea equivocada: que el miedo disuade. Años de estudios en el ámbito de la salud pública han demostrado lo contrario. El miedo no evita el consumo, sino que lleva a las personas a consumir en situaciones más peligrosas, aisladas, en silencio y distantes de la atención médica. El miedo destruye la conexión, no la fortalece.

Cuando el Estado grita "aléjate", lo que realmente dice es: "Si consumes, no te acerques a nosotros". Y eso, en términos de salud pública, es una sentencia de muerte. Además, el propio informe que citan muestra que el consumo experimental de drogas entre adultos aumentó, no disminuyó, de 10.6 por ciento en 2016 a 14.6 por ciento en 2025, según los datos divulgados por la Secretaría de Salud. Esto desenmascara la narrativa oficial: No hay reducción clara del fenómeno general, sólo se seleccionan cifras para sacar una conclusión conveniente.

Sin embargo, lo más preocupante es cómo se criminaliza y se estigmatiza a quienes utilizan sustancias. Frases como "El fentanilo te mata" reducen un asunto complicado, desatienden la realidad de aquellos que consumen, y juzgan en lugar de ofrecer apoyo. Las medidas de reducción de daños, por otro lado, intentan disminuir las repercusiones negativas del consumo de drogas, preservar vidas mediante naloxona, proporcionar análisis de sustancias y facilitar el acceso a servicios de salud, todo ello sin hacer juicios morales.

Este anuncio del gobierno no solo no entiende la verdadera evidencia científica sobre la adicción, sino que también promueve un enfoque punitivo, moralista y lleno de mitos, que históricamente no ha logrado mejorar la salud pública ni salvar vidas.

El verdadero fracaso no es que las personas consuman sustancias. El fracaso es que el gobierno continúe pensando que gritar "mantente alejado" es una estrategia efectiva. El error es evaluar el éxito sin contar las muertes, sin escuchar a los consumidores, sin comunicarse con las comunidades.

La reducción de daños no promete mundos sin drogas. Promete algo más urgente y más humano: menos muertes, menos sufrimiento, más dignidad. Afirmar que esta iniciativa "funciona" no refleja una evaluación técnica. Es un insulto para quienes han sufrido la pérdida de un ser querido, una negación para aquellos que enfrentan la vida cotidiana, y un recordatorio más de que permanecemos en un conflicto moral contra las drogas que jamás ha salvado una vida.

Mientras el Gobierno promueve lemas, las personas continúan falleciendo en silencio. Y esto, desde cualquier punto de vista ético básico, no representa éxito: Es negligencia.

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